Veo sus sueños reflejados en el cristal; espejo de su alma.

Pensativos labios carnosos; ojos de infinita nostalgia.
Espejo…

Ella es el espejo como en el cuadro de Odilón Redón. Mira el
paisaje sin verlo; más allá de lo real se fugan sus ojos intentando comprender
la magnitud, y, a la vez, la simpleza del universo.

Cierra los ojos, duerme, dulcemente duerme; belleza
inmaculada. Preocupantes líneas se dibujan en su rostro infantil; duerme,
dulcemente duerme, belleza inmaculada.

El espejo, de nuevo el espejo se cerciora de la imagen, de
la realidad de su rostro aniñado; duerme, dulcemente duerme, belleza
inmaculada.

Ventana del sueño por la que se ve una llanura insondable
cuya línea del horizonte se pierde en un pensamiento.

Manos frágiles, duermen, las manos de la maga. Espejo. Maga…

Sueños de campiñas grises adornadas con una manto de
escarcha gris; el espejo, de nuevo el espejo, morada infinita del indeciso
invierno y en él, reflejada, una mueca de labios tímidos con el hastío de un
otoño anticipado.

El espejo, de nuevo el espejo, morada infantil, duerme,
dulcemente duerme; belleza inmaculada en el espejo de la memoria.

El brillo sensible de sus ojos va y viene, mira sin ver.
Duerme, dulcemente duerme dulce condena de olvido.

En el espejo…

alvaeno©