Jactanciosos y pretenciosos filólogos oficiales, ellos, que
se erigen jueces y críticos literarios en pos de convertirse en guardianes de
las letras y de la real academia.

Vanguardias literarias contemporáneas encerradas en círculos concéntricos
cual rebaño de ovejas. No dejan apertura, ni quieren dejarla, a los que no han
recibido el bautismo de manos de los doctos en las universidades de las filologías o de las artes.

La aristocracia de, y en, la literatura como en otras artes,
no acepta lo que procede de los bastardos filólogos, o artistas, que basan su sabiduría en
la práctica: leer, escribir, pintar, esculpir... Convirtiéndose estos mismos, los aristócratas
literarios de bautismo universitario, en antagonistas de la palabra escrita siendo
ésta la que mejor casa con la libertad de expresión y con todas las libertades.

Salvador moreno valencia©